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Mitos y Leyendas del Estado Mérida

Leyenda del Sacerdote sin Cabeza: Cuentan que en la catedral de La Azulita se ve un sacerdote dentro de un confesionario, sin cabeza y confesando. Éste cuento se escucha desde hace veinte años, cuando fue visto por primera vez por una señora llamada Sara. Se ha trasmitido de generación en generación con algunas variaciones. Muchos aseguran ver a este padre sin cabeza durante el día.

Rezo a los Gusanos y Culebras
: Para detener o espantar los ataques de plagas que azotan los cultivos, los agricultores suelen realizar el rezo de los gusanos y culebras. Este acto místico requiere de una preparación especial y agua bendita. La oración dice Por San Pedro, por San Pablo y mi Dios tan poderoso, líbranos de los gusanos y de todo animal ponzoñoso. Por estas cinco palabras que digo, por San Pedro, por San Pablo, Jesús, María y José. Con frecuencia los agricultores, unos con fe y otros por escepticismo, suelen llevar a cabo esta práctica esotérica para proteger sus cultivos.


Padre Gil, Leyenda: El padre Gil fue sacerdote de La Azulita y le gustaba mucho la excursión. Así que un día se metió en las cuevas del Quebradón, donde estuvo varios días. Cuentan los viejos y ancianos del sector que cuando salió estaba loco; vivía cantando todo lo que había visto dentro de la cueva, un potrero grande lleno de pasto con vacas flacas, otro potreo pero sin pasto y con vacas gordas y varias personas adineradas del pueblo escribiendo en unos escritorios, a los que él llamaba y no le prestaban atención. A los pocos días volvió a entrar a la cueva y se negaba a salir porque decía que allí dentro era más bonito. Pasaron los días y nadie supo de él. Algunos dicen que se murió y otros que se perdió en las cuevas.

Jinete de El Quebradón, Leyenda: Cuenta la gente del pueblo que un día un muchacho iba a visitar a su novia que vivía un poco alejada del pueblo; en un lugar llamado El Quebradón. Mientras caminaba junto a un amigo vio venir un caballo negro montado por un jinete que estaba vestido de blanco; para evitar se atropellados se hicieron a un lado del camino, pero a pesar de eso el jinete lo empujo y cayó cerro abajo. El amigo que lo acompañaba lo ayudó a salir del barranco y cuando salieron le prguntó que si conocía al hombre del caballo, ninguno de los dos conocían al sujeto y nadie lo había visto ningún caballo negro que cabalgara por ese lugar. Al llegar a casa de su novia muy asustado, le contó lo sucedido y desde entonces muchas personas dicen que es un espanto. Burro nojote, Leyenda: Esta leyenda es muy importante pues era el reflejo típico del quehacer diario de los campesinos. Es una leyenda jocosa escrita en enero del 2005 por el artista Ramón Lacruz conocido como Melena, con motivo de debelarse las esculturas de la mina creadas por el mismo. Esta leyenda está escrita en una pared detrás de las esculturas de la mina de agua y dice así: "Subía en mi burro nojote, derechito por la mina, claro que iba contento, le había echao un fiao a Etelvina , y más contento de ahí pa´ que, llevaba, pescao, arbeja, sardina en mi burro nojote, como siempre todos los días. Subía en mi burro nojote mirando tanta alegría, el joven con una mansa olla, ella mojada hasta la risa, seguro que andaba escapada porque ni chanclas traía. Pa’ que si no hace falta cuando el agua no es fría, pues está calientica con el encanto del día. Subía en mi burro nojote, como siempre por la tardecita pa´ ver a las muchachas bonitas echándose agua en la mina, mientras los que nos visitan quieren esta agua tragar, pues es sabroso manantial tratándose de La Azulita, no sospecha la visita que aquí se nos va a quedar. Yo no voy a esperar más porque mi burro se me echa y después pa´ levantalo tengo que echale chimó en la jeta, porque en esta mina me enamoré yo de mi vieja y pregúntame si me va bien, hace años vine fue a una fiesta, me sumbé un traguito de agua en presencia e´ doña chepa y todavía estoy bailando en medio de mi muchachera"

La Mina Misteriosa, Cuento: Este cuento conocido por los habitantes encierra una historia de amor de dos jóvenes que se conocieron en la mina de agua. Todos los días una viejita iba con su nieta, llamada Lucecita a sacar agua de la mina para llevar a casa y cuando se acercaban al lugar escuchaban un silbido que venia desde lo más profundo del pozo. Un día salieron de nuevo a traer más agua y Lucecita al acercarse pidió a la fuente que le concediera el siguiente milagro "Fuentecita por favor, preséntame un joven para casarme", ella se sentía muy sola porque la única persona que la acompañaba era su abuela y era un poco estricta, no la dejaba salir ni hablar con sus amigos. En ese momento escuchó el silbido de la mina y de nuevo pidió el deseo "minita tú que eres misteriosa, has que ese silbido lo oiga un joven y que al beber de su fuente se case conmigo!". Pasaron varios meses y la abuelita se enfermó y no pudo acompañar a Lucecita a la mina, así que la mandó sola a buscar agua y cuando estaba dedicada a su tarea escuchó de nuevo el silbido y volvió a pedir el deseo. Ahí mismo sintió una mano sobre su hombro y al voltear vio un joven apuesto como el que ella soñaba, quien le pidió agua para beber y ella le dio en una totuma. Al llegar a casa su abuelita estaba muerta y cuando regresó a los pocos días a la mina se reencontró con el joven, quien le confesó que no había podido dejar de pensar en ella. Ella le contestó que si bebía de esa agua se casarían. Y así fue, se casaron y vivieron muy felices.

Cuevas del Pirata, Leyenda: Esta historia en contada por los pobladores a los visitantes, como una forma de dar vida a la historia de este lugar. Se dice que en estas cuevas tenían su adoratorio los aborígenes pertenecientes a las etnias de los iricuyes, tiracoques, olleros, galgas y capaces que ofrendaban a un ser sobrenatural llamado el Chés, candiles y grasa de cacao. En estas cuevas se albergaron las tropas de Ambrioso Alfinger, para no compartir el botín con el resto. Perdidos en aquellas selvas erraron por mucho tiempo con un pesado tesoro a cuestas que enterraron al pie de un árbol junto al arroyo. Este pesado cofre contenía setenta mil pesos en monedas de oro y piedras preciosas. De los 24 soldados solamente uno sobrevivió sin nunca precisar el lugar del tesoro que aún permanece oculto.

Brujas y Zánganos, Leyenda: Tradicionalmente se dice que las brujas son mujeres dedicadas a la práctica de las artes de magia negra para su beneficio particular y para desgracia de los demás. Según se cuenta salen todas las noches a volar desnudas bajo la forma de grandes pájaros negros y durante sus vuelos nocturnos se desplazan perturbando el sueño de las personas y fastidiando a los caminantes. A veces las han sentido haciendo ruidos siniestros sobre los techos de las casas. Según la tradición oral, las brujas se esconden en árboles llamados maitines, desde donde importunan a los viajeros con sus macabras carcajadas. Tiempo atrás, las madres llevaban a sus recién nacidos a que les echarán agua, para que las brujas no se pudieran llevar a los niños. Las leyendas hablan de que cuando un ave grande y negra ronda por los tejados, se le debe lanzar sal, mostaza o agua bendita. Si es una bruja al hacer alguna de estas cosas, caerá desnuda ya en su forma humana. En cambio, si se siente que el ave negra ha aterrizado en el techo y se sospecha que es una bruja hay que gritarle “venga mañana por azúcar y café”. La persona que al día siguiente llegue a la casa para pedir alguno de esos productos es la bruja. También hay hombres que se dedican a estas artes oscuras y en la zona no se les llama brujos sino zánganos.


Leyenda de la Princesa Mistajá: Cuenta la leyenda que mucho antes que los colonizadores llegaran a estas tierras andinas, existía una reina indígena cuya belleza y alegría contagiaba a todos los pueblos de la región. Los muchachos más robustos y valerosos la cargaban en una plataforma de oro decorada con muchas flores y este séquito era acompañado por muchos músicos dedicados a componer melodías con flautas y maracas al compás del sonido de los márgenes de los ríos. Su belleza era tal que la dorada espiga del maíz y los lirios silvestres se inclinaban ante ella y las avecillas entonaban volando melodías gozosas para agasajar los oídos de esta reina a la que llamaban la hija del sol. Pero un día esta reina cayó enferma y se dice que la danza y la música le producían lágrimas. La alegría de la reina era la alegría de la región, cuando ella no sonreía toda la comarca enmudecía de tristeza. Muchos piaches recorrieron enormes distancias para realizar un ritual de sanación y junto a muchos indígenas realizaron una danza en la que agitaban sus maracas y se azotaban. Los dolorosos gemidos y los sonidos lastimeros de aquella música fúnebre no lograron mejora en el cuerpo de la reina que adelgazaba bajo la delicada manta de algodón mientras sus mejillas perdían el color de la rosa con el que engalanaba su rostro, palideciendo cada vez más hasta alcanzar el color de la nieve. Una valerosa mujer llamada Mistajá, muy querida por la reina, recibió un día el encargo de ésta para subir hasta la cima del páramo a contactarse con el Ches, así le llamaban los indígenas al ser supremo creador de todo lo existente. En el punto más alto del páramo, existía una plaza circular de piedras. Antes que amaneciera, Mistajá debería ubicarse en el centro de esa circunferencia, abrir un hoyo en el suelo y enterrar ahí la figura del ave de oro que daba su prestigio a la reina, rociar con un puñado de cabellos de ésta el sitio, gritar de forma aguda tres veces seguidas y lo más fuerte posible. Luego de hacer todo esto el Ches debería dar una señal en el aire, la tierra o el cielo para encontrar la cura al mal de la reina. Mistajá partió en la madrugada para que en su ascensión pudiese llegar antes del amanecer a la cima. Cuando había llegado muy cerca de su objetivo y tras una penosa escalada, se encontró con varios espíritus de ancianos indígenas y guerreros cuyos cuerpos se transparentaban contra las rocas. Ella se tiró al piso con veneración y terror pero permaneció en el sitio esperando poder continuar su avance. Los espectros se retiraron en dos largas filas descubriendo un paso entre las rocas. Mistajá ingresó por esa abertura y se encontró de pronto ante una circunferencia marcada en el piso con piedras de diversos tamaños. Se dirigió al centro del círculo y con el dardo más fuerte que encontró en su aljaba, abrió un hueco en el suelo, depositó la imagen de oro tapándola con la tierra y bañó el pequeño montículo con el puñado de cabellos de su reina. Se irguió de cara al oriente y profirió tres gritos agudos con gran intensidad cuando el sol empezó a emerger en la distancia adornando de rojo todo el paisaje. Mistajá estaba tan cansada que cayó dormida. Al despertar vio que el interior de la circunferencia que antes había estado yermo y desprovisto de vegetación ahora se cubría totalmente por una hierba olorosa. En un rincón una cierva jugueteaba sobre este repentino verdor mientras comía del pasto. Mistajá arrancó cuanto pudo de aquellas hierbas y bajó a toda carrera montaña abajo hasta llegar ante la reina. Preparó una infusión con esta planta y la reina comenzó a recuperarse rápidamente. Pronto la alegría volvió a la región, su reina vivió muchos años y Mistajá fue convertida en princesa. Aseguran que cuando alguien desentierre la figura de oro en el centro del círculo sagrado, la hierba desaparecerá para siempre. Esta hierba es conocida como el díctamo real que se da en las alturas de los páramos merideños. Se dice que sólo la encuentran los venados en la soledad de las alturas a la hora en q ue el sol asciende los escarpados riscos, encendiéndolos de rojo.

Leyenda del Puente del Diablo: Existen varias versiones para referirse a esta leyenda. Una de ellas indica que un hombre retó al diablo a construir un puente en un lugar imposible para llevar a efecto tal proeza y unir los dos linderos de una zona escarpada sobre el cruce de un violento río. Pactó con el diablo para que éste construyera ese puente antes del amanecer, si lo lograba el diablo podría llevarse su alma. El hombre llevó dos gallos finos y cuando el diablo estaba a punto de terminar el puente, el hombre jaló las colas de los gallos y estos cantaron. Al oírlos el diablo pensó que había perdido la apuesta y se marchó. Otra versión indica que el hombre mandó a bendecir la última piedra que debía ser colocada y cuando el diablo estaba por culminar su obra no pudo ni siquiera tocar aquella piedra que le hacía falta para terminar el puente y se retiró vencido. La misma leyenda es relatada otras circunstancias: dice que fue el diablo quien retó a un hábil pero muy presumido constructor a que no podría construir el puente antes del amanecer. El orgullo y la vanidad hicieron caer en la trampa al constructor. Antes de anochecer el hombre llevó consigo un gallo hasta un lugar estrecho donde erigiría el puente y comenzó a trabajar. Hacia el amanecer, cuando apenas le faltaba colocar solo una piedra del puente, cantó el gallo y nunca más nadie volvió a ver a aquél hombre. En todos los casos la leyenda refiere a un puente inconcluso que existe en el sitio de La Cabrera, vía Capaz. En el referido lugar se encuentra un cruce sobre una garganta que se despeña hacia un río caudaloso y hay quien dice que el puente pudo ser un relleno de piedra o una formación rocosa que queda del lado de la carretera apreciable sólo desde el río y que recuerda la forma de un puente caído o incompleto. Sobre dicha formación pero del lado de la carretera, hay una cruz sobre una roca y una capilla dedicada a San Benito. Hay quienes aseguran que la cruz sobre la roca puede ser una contra para espantar al diablo de ese sitio. Una de las versiones más difundidas es que el puente es en realidad una piedra enorme, rectangular y casi horizontal que sobresale en lo alto de una estructura rocosa vertical.

Entierro de Morocotas: Las historias sobre entierros de morocotas y tesoros, tienen su origen en la costumbre generalizada de las personas que vivieron durante la Época Colonial y el Período Republicano, de enterrar o tapiar en las paredes de sus casas, todos aquellos objetos de valor y muy especialmente sus riquezas. En torno a ello se fueron creando relatos de espantos y apariciones de animales que custodiaban el lugar donde se hallaba el escondite. Se dice que muchas personas para evitar el saqueo de sus entierros, lanzaban conjuros en el lugar para impedirle extraer los tesoros a quien osara acercarse. Si por ventura algún saqueador quería llevarse la riqueza, debía enfrentar a los seres mágicos que estarían cuidando el sitio. Los entierros pueden manifestarse, mediante braseros incandescentes o luces que bailan de un lugar a otro. Cuentan los abuelos que los jueves y viernes santos a mediodía o a la medianoche, estos tesoros están a flor de tierra listos para que algún afortunado los encuentre. De querer encontrar un entierro de estos, se debe ir al lugar con una moneda de plata debajo de la lengua y agua bendita. Si logra vencer el espanto custodio sacará el entierro, pero no debe romper la mucura o abrir la bolsa de cuero de inmediato ya que el óxido de los metales podría envenenarlo.

Leyenda de la Maldición sobre el Pueblo de Ejido: Se cuenta que el 14 de julio de 1946 fue robada en horas de la madrugada la imagen de la Virgen del Carmen de Montalbán. Los ladrones se habían llevado además el cáliz de oro, la imagen del Niño Jesús de Atocha, la de San Isidro Labrador, un misal mexicano, una caja con 500 hostias, 10 l de vino de consagrar, dos morocotas, 500 bolívares en efectivo, una sombrilla y la sotana del padre Julio Quintero, cura parroquial de Montalbán. Los creyentes estaban consternados ante tal robo y elevaron oraciones a San Buenaventura para que éste intercediera en la pronta recuperación de los bienes extraídos del templo, además de formar comisiones para la búsqueda de los objetos robados. En la pesquisa se contaron variadas y contradictorias versiones de los vecinos al templo. Unos decían que una gran sombra se había extendido por las paredes entrando por los ventanales, otros indicaban que habían visto a varios hombres montados a caballo huyendo del lugar velozmente en aquella madrugada. Las piezas sustraídas del templo no volvieron a aparecer y al cabo de varios años, el padre Julio Quintero pronunció un largo y sentido sermón en el que excomulgó a los ladrones. Desde ese día los rumores de los asistentes a misa eran que a Ejido y a los poblados aledaños les había caído una maldición que no tardaría en hacerse realidad por medio de alguna desgracia. Mucha gente atribuye la inundación provocada años después por el desbordamiento de las quebradas Montalbán y Portuguesa así como el de la laguna del Coco situada en las montañas cercanas al páramo de los conejos, como una manifestación del castigo para lavar las culpas del pueblo ante el robo acaecido décadas antes.

Historias de los Árboles de Maitín: Estos árboles de Maitín son ejemplares de copa muy frondosa, ubicados generalmente a orillas de los caminos y sobre cuyas ramas, según cuentan, se posan las brujas para molestar a los caminantes, proferir conjuros, reírse a carcajada suelta y llevarse a los niños no bautizados para preparar pócimas mágicas. Debido a tales creencias la gente evita pasar debajo o cerca de ellos sobre todo en horas de la noche. También se dice que los brujos del sector se valen de estos árboles para emprender a volar. La tradición oral cuenta que se suben a la copa de los árboles a la media noche y gritan: “Sin Dios ni Santa María, de villa en villa hasta llegar a Sevilla”, luego le besan el culo al diablo e inmediatamente salen volando convertidos en grandes pájaros. Estas y otras historias se han contado por generaciones respecto a este tipo de árboles.


Leyenda de la Llorona del Río Milla: Se trata de una mujer hermosa, que después de un mal de amores, lanzó a su hijo al río Milla. Ella fue condenada, por Ches –deidad suprema indígena– a vagar eternamente. Siempre caminaba por el río Milla, llevaba su cabello destejido y vestía de luto. Se dice que fue vista por última vez hasta mediados del siglo XX. Sin embargo el contenido de esta leyenda aún se continúa divulgando entre los pobladores del sector.

Espanto del Caballero
: Muchos son los que han visto a este caballero y mucho más dicen haber escuchado al caballo pasar en algunos sectores de la ciudad. La gente sigue contando esta historia como un hecho íntimo que los conecta porque en todas partes alguien dice haber vivido la experiencia. Dicen que suele oírse un caballo a galope, le suenan las riendas y el bozal al pasar por las casas y en el camino brotaban chispas de candela. Siempre para antes de la media noche, quedando luego todo en silencio.

Leyenda de la Mujer de Blanco: La mujer de blanco es un espanto que intercepta a los parranderos que circulan por la calle que conduce al sector El Porvenir, llenando de terror a los transeúntes. Dicen que hasta el más guapo se espanta y se afirma que quienes la han visto nunca vuelven a transitar por la zona después de las doce de las noche. La describen como una mujer alta con vestido blanco, cabellos largos y negros que ocultan su rostro, y las personas aseguran que sus pies nunca tocan el suelo. Nadie sabe porqué el espanto aparece en este lugar pero algunas personas dicen que en ese lugar asesinaron a una mujer y otros señalan que podría tratarse de un entierro o botija y que la aparición forma parte del conjuro. Esta leyenda es valorada en la comunidad por formar parte de las historias constituyentes de su cotidianidad e identidad cultural, en donde en cada calle y casa antigua de San Jacinto del Morro posee su leyenda.

Creencias en Brujas: La creencia en brujas tiene mucha vigencia y aún en nuestro siglo, se conservan muchos relatos, en campos y poblaciones donde la tradición tiene fuerza y son compartidos por niños, adultos y ancianos. Se cree que las brujas viven en la comunidad y se dedican a realizar el mal. También se dice que pueden transformase y volar, sobre todo, por las noches. En algunos casos, se le aparecen a personas causándoles pánico. En otros, crean matorrales para atrapar a personas que transiten por el campo; también son capaces de producir lagunas mentales para que la persona se confunda y se extravíe en su camino. Asimismo, las brujas pueden adoptar formas de animales.

Leyenda del Caballo Blanco: Se trata de una historia que cuenta la comunidad sobre un caballo con cadenas que se escucha entre las doce de la medianoche y las cuatro de la madrugada. De sus negras patas cuelgan unas cadenas enormes. Sus fieros ojos también son negros y cambian de color y, se dice, que la cola y la crin son azabaches. Cuando realiza sus recorridos parece llevar a alguien en el lomo, relatan que es el diablo, y en su nocturno galopar aterra a la gente con el ruido de sus cadenas. Para protegerse de este espanto, los vecinos prenden velas, rezan. Incluso, dicen, que si alguien lo ve puede morir del susto.

Creencias sobre las Divinidades de los Aires: El mal de los aires es considerado una enfermedad típica de la concepción andina directamente relacionada con las creencias de los campesinos. Estas y otras creencias están muy arraigadas en el alma popular y constituyen un valioso tesoro de la tradición de cada región. Se cree que ciertas entidades que habitan el aire son hostiles hacia el hombre. Se manifiestan bajo la forma de vientos, tempestades, relámpagos que pueden penetrar en el cuerpo humano, causándole de forma directa una enfermedad llamada mal aire o mal viento. El síntoma básico es el dolor en alguna parte del cuerpo; a veces se manifiesta como parálisis, pasmo o estrabismo. Para sacar el mal aire, hay que buscar un médico de agua o mojan. Sólo él conoce el lenguaje de los aires como el del agua y puede obligarlos a dejar el cuerpo de su paciente.

Creencias en torno al Arco y la Arca: Se trata de una creencia que tiene muchos años en la zona y que forma parte del mundo mágico-religioso del campesino de la región. El Arco y el Arca son dos espíritus malignos que habitan en las lagunas, pantanos, charcos o cualquier sitio donde haya agua. La comunidad manifiesta que se aparecen en forma humana, de cualquier edad y cautivan a las personas por su aparente belleza. Cuando pasan el río, estos espíritus se acercan a la víctima, la cual puede sufrir un vaciado de sangre, pérdida de embarazo e, incluso, la muerte en caso de que sea niño. Se dice también, que los hombres que se han topado con estos espíritus comienzan a sufrir distintas enfermedades y erupciones en la piel similares a la sarna. Muchos pobladores también creen en la práctica de ciertos rituales que contrarrestan este tipo de maleficios. Es común que se ahuyenten en una puesta de San Benito o cualquier fiesta donde haya tambores, cohetes o mucho ruido, pues se cree que al Arco no le gusta el ruido. Luego se canta el rosario, en el sitio donde se dice haber visto a este espíritu.

Leyendas de las cinco Águilas Blancas: Se trata de una leyenda de origen indígena recogida por el escritor merideño Tulio Febres Cordero. Caribay fue la primera mujer en la tierra según la tradición de los mirripuyes, tribu de los andes venezolanos. Hija del ardiente Zuhé –el sol– y la pálida Chía –la luna–, Caribay era considerada como el genio de los bosques aromáticos. Imitaba el canto de los pájaros y jugaba con las flores y los árboles. Una vez Caribay vio volar por el cielo cinco águilas blancas y se enamoró de sus hermosas plumas. Fue entonces tras ellas, atravesando valles y montañas, siguiendo siempre las sombras que las aves dibujaban en el suelo. Llegó al fin a la cima de un risco desde el cual vio como las águilas se perdían en las alturas. Caribay se entristeció e invocó a Chía y al poco tiempo pudo ver otra vez a las cinco hermosas águilas. Mientras las águilas descendían a las sierras Caribay cantaba dulcemente. Cada una de estas aves se posó sobre un risco y se quedaron allí inmóviles con las garras clavadas en la viva roca. Caribay quería adornarse con esas plumas tan raras y espléndidas y corrió hacia ellas para arrancárselas, pero un frío glacial entumeció sus manos, las águilas estaban congeladas: convertidas en cinco masas enormes de hielo. Entonces Caribay huyó aterrorizada. Poco después la luna se oscureció y las cinco águilas despertaron furiosas, sacudieron sus alas y la montaña toda se engalanó con su plumaje blanco. Ese es el origen de las sierras nevadas de Mérida. Las cinco águilas blancas simbolizan los cinco elevados riscos siempre cubiertos de nieve. Las grandes y tempestuosas nevadas son el furioso despertar de las águilas, y el silbido del viento es el canto triste y dulce de Caribay.

Leyenda de la Quebrada del Encanto: La quebrada nace en el río Milla y desemboca en el río Albarregas de Mérida. Posee muchas rocas que se van estrechando, hasta formas azoteas naturales, que provocan que se precipite el arrollo y el agua se torne negra. A muchas personas esa imagen les parece tenebrosa y les da miedo por lo que han surgido diversas historias de tinte fantástico al respecto. Una de esas leyendas narra que un hombre se fue a cazar al río, antes de irse, le advirtieron que si mataba a un ave, cuando ésta cayera se convertiría en un demonio y mataría a su asesino. Se fue y al llegar al río disparó a una golondrina. No pasó nada y él junto a las otras personas, se fueron tranquilamente de la quebrada del Encanto. Sin embargo perdura un halo de misterio alrededor de este bien natural.

Echar el Agua
: Se trata de una tradición que se inició para proteger a los niños de las brujas y de otros males. Se presume que el origen de esta tradición doméstica se debía a la lejanía de los párrocos y de las iglesias de algunos poblados muy distantes. Por ello los familiares aplicaban por sí mismos la puesta de agua. Buscaban a los padrinos, luego agua bendita y se la echaban al niño en la cabeza diciendo: Yo te bautizo o echo el agua, en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo; te la echo porque no hay otro modo de hacerte cristiano. Seguidamente, se rezaba un padre nuestro y el recién nacido quedaba bautizado hasta que el sacerdote le diera los sacramentos. Aunque en menor medida, esta es una actividad que se realiza y continúa transmitiéndose dentro de la familia, de una generación a otra, sobre todo en los poblados más distantes.

Leyenda del Judío Errante: La leyenda del judío errante cuenta la historia de un hombre, que se negó a darle hospedaje a Dios. En consecuencia por comportamiento poco humanitario, fue maldecido y destinado a vagar sin rumbo fijo. Este personaje deambula por caminos solitarios, con las ropas viejas y luce como un pordiosero. Se dice que si alguna persona lo ve recibirá la misma maldición. Originalmente esta leyenda nació en Constantinopla, a mediados del siglo IV después de Cristo, y llegó a Venezuela, a través de los españoles. Desde entonces la historia ha sido contada en la región andina, en los días fríos o cuando ocurren cosas malas, a manera de reflexión para la comunidad, llegando a formar parte del repertorio de leyendas que se asumen como tradicionales.

Leyenda del Cacique Murachí y la India Tibisay
: Murachí fue el más ágil y valeroso guerrero de su tribu, convirtiéndose en el primer caudillo de las Sierras Nevadas. Tibisay, su amada, era la más esbelta y hermosa indígena de la región, para la que fue destinado las más valiosas prendas y obsequios. Un día Tibisay fue al encuentro de Murachí, temerosa frente a la inminente batalla que las tribus indígenas confrontarían contra los invasores españoles, hijos de Zuhé. Y Murachí ante la proximidad de la batalla, pidió a su amada que reanimara el valor de los guerreros con la melodía de sus cantos y el recuerdo de hazañas pasadas. Al finalizar la danza Murachí acompañó a Tibisay al bosque donde le suplicó que se escondiera para que ningún extranjero fijara sus miradas en ella y la hiciera esclava. Luego de la derrota de los indígenas y la muerte de Murachí, Tibisay vivió sola con su dolor y sus recuerdos, convirtiéndose para los indígenas en un símbolo de su antigua libertad. La leyenda también refiere que cuando Murachí murió, la princesa Tibisay se internó en el bosque dando origen con su profuso llanto a la conocida cascada que lleva su nombre. Ningún español logró verla alguna vez y sin embargo nadie cuestionó su existencia. Esta leyenda es valorada en la comunidad porque evidencia la permanencia de la cultura indígena en los sectores campesinos del estado en la vida cotidiana.

Leyenda del Gigante de Milla: Se cuenta que en la montaña del Milla y su río, se esconden cazadores que solían transitar esos caminos para capturar gallinas con huevos de oro. En esos caminos muchos habitantes aseguran haber visto un hombre barbudo y gigante. Él cuidaba las calderas de los Chorros y su casa quedaba en el Monte Zerpa, una gruta encantada. Cierto día, un investigador francés de nombre Burgoin, cayó accidentalmente en las calderas. Cuando vio al gigante le disparó con su escopeta de dos cañones. El gigante, que fumaba mucho, le pidió a Burgoin que le diera un tabaco, pero éste le disparó de nuevo. El francés salió corriendo y el gigante barbudo, se hundió en la gruta y más nunca se escuchó de él. Desde entonces, el contenido de esa leyenda fue transmitiéndose de generación en generación.

Leyenda del Espanto del Obispo Torrijos: A medianoche se escucha el reloj de la catedral. Cuenta la leyenda que ese sonido es el espíritu del obispo Torrijos, que en vida prefirió hacer experimentos químicos en vez de dedicarse a la iglesia. Este personaje falleció y fue enterrado, y se dice que al llegar la madrugada levanta su lápida y sale a tocar las campanas. Muchas son las señoras que las escuchan y unas pocas salen de sus casas creyendo que es hora de misa. Parte de la historia refiere que hubo varias beatas, como las señoras Dolores y Eduvigis, que salieron a misa al escuchar el tañido, y al llegar vieron que eran las dos y media de la madrugada, escucharon el cantar de los gallos, y al entrar a la capilla, observaron que estaban encendidos los candelabros. Ambas se preguntaron si estaban vivas o muertas, luego se desmayaron al ver desvanecerse la figura del obispo Torrijos y así estuvieron hasta las seis de la mañana cuando las encontraron y despertaron. Respecto a esta historia hay señoras que dicen Por eso prefiero tomarme mi café antes de salir, aunque estoy segura de que a mí no me espanta el obispo Torrijos.

Leyenda del Ánima Sola: Es común escuchar entre los pobladores la historia del ánima sola. Se dice que hace mucho tiempo hubo una estirpe que llenó el universo con su fama, nobleza y riqueza; con el paso del tiempo fueron muriendo, quedando uno de ellos para propagarla. Éste se convirtió en un hombre muy rico y temido por la gente. Le pidió a Dios un heredero pero sólo le concedía hijas, a raíz de este hecho fue cruel con la comarca y sembró terror en el pueblo, hasta que un día Dios le envió un hijo varón y se volvió caritativo. Su hijo era hermoso, sabio y con dotes especiales. Tenía planes de casarse con una bella princesa pero alguien le creó la duda de que esto no ocurriría, lo que ocasionó que cayera en manos de la locura. Su padre al verlo en este estado lo envió a condena y, posteriormente, murió con gran tristeza. La madre lo visitó en la mazmorra y no soportó el dolor de ver al hijo demente y falleció. Sus hijas enloquecieron y la prometida se metió a religiosa en una orden estricta. El causante de haberle creado la duda al joven fue un maestro, quien arrepentido de lo sucedido fue ante el Papa y éste le ordenó vagar por el mundo y velar por los muertos con un esqueleto en la espalda, en veranos e inviernos, con una rama de olivo y el agua del perdón. El culto a los muertos y el rezo por sus almas se ha mantenido en el municipio Rangel durante muchas generaciones, ya que se mantiene vigente la creencia de ánimas vagando por el mundo, esperando salir del purgatorio para subir hacia los cielos.

Leyenda de Misintá y la Laguna que Vuela: Se cuenta que cuando los colonizadores llegaron a las montañas andinas, las hijas de Chía, vírgenes de Motatán que sobrevivieron a los bravos Timotes en la defensa de sus tierras, se sentaron a llorar la tristeza de su pueblo. Las lágrimas corrieron y formaron una laguna de agua salada, mientras que la nieve cayó y petrificó a las dolidas vírgenes. Los indígenas mucuchíes junto al cacique Misintá lucharon contra los ocupantes, al tanto que las vírgenes revivieron por un instante generando un gran grito que elevó la laguna a los aires hacia donde se hallaba el dominio de Misintá. Un tiempo después los indígenas Mucujún y Chama lucharon contra los colonos, lo que llevó a que la laguna se elevara nuevamente y se ubicara en El Carrizal de Mucuchíes.

Leyenda del Tesoro Legendario del Pico El Águila: Se cuenta que en la época en que las monedas eran de oro, hubo una banda de forajidos que asaltaban diversos poblados de la región andina. La banda estaba conformada por 80 ladrones que tenían su guarida en la zona conocida como Pico El Águila; ocultaban su dinero en un deslizamiento de lajas situado al oeste de este lugar. Un buen día fueron sorprendidos y abatidos en el lugar, sin embargo, uno de los malhechores sobrevivió y esperó 35 años en Barinas para regresar a buscar el botín de morocotas con sus hijos, con la mala suerte de que antes de llegar al lugar indicado murió. Nadie sabe exactamente donde quedaron esas morocotas

Leyenda de la Piedra Encantada: A orillas de la carretera de este sector, hay una piedra de aproximadamente 3 m de largo por 2 ½ m de ancho. La piedra es de forma chata en la parte superior y de color grisáceo con 2 hoyos profundos en el centro. Alrededor de la piedra existe una vegetación pobre y baja. Es conocida, por los pobladores, como la piedra en donde sale el toro conjurado, muchas personas han visto diferentes fantasmas. Según cuenta José Orama Angulo que le contó su tío de 105 años cuando el tenía 12 años, que vio a dos animales vigilando la piedra, un toro de cachos amarillos y un perro con chispas en los ojos. Todo aparentemente se trata de un conjuro para proteger la roca y quien logre matar al toro rompe la maldición, así se hará dueño de un gran tesoro enterrado en el siglo XIX.

Espanto del páramo de Estanquez, Leyenda: Según las palabras de Jerónimo Guillen, una vez acompañado por la neblina y el soplar del viento, se dirigía una noche al páramo de Estanquez, con sus bestias arriando cargas de verduras y otros alimentos. De repente, una bella mujer de cabello largo se le apareció y sus animales relinchaban más y más, mientras la mujer se acercaba. El hombre embelezado, trató de detener el andar de las bestias y al cruzarse con la mujer, las bestias corrieron botando toda la carga. Al poner de nuevo su vista en la mujer, el señor Jerónimo se enfrentó con que la misma se había convertido en un animal horroroso con los cabellos levantados. Sin más, emprendió la huida perseguido por el feroz animal. Al llegar a su casa, Jerónimo, estaba completamente conmocionado y sin poder hablar. Luego de calmarse pudo narrar todo lo sucedido. Cuentan los habitantes de esta localidad que el Páramo es un lugar sagrado por la naturaleza y la vegetación que posee, por ello se cree que el espanto que apareció no es más que el espíritu del páramo que junto a otros deambulan por el mundo.

Sanjón de la Calavera, Leyenda: Los habitantes de Cañabrava, cuentan que en Semana Santa suele aparecer por los caminos, una calavera rodando o se escucha el quejido en un lugar donde se cometió un crimen hace 30 años y que hoy llaman el Sanjón de la Calavera. La historia dice que 2 hermanos se disputaron el amor de una mujer. Uno de los jóvenes vivía junto con una bella dama, pero a ella también le gustaba el otro hermano. Un día, el novio de la mujer la encontró en amoríos con su hermano. El joven ardiendo en ira cita al hermano en el sanjón y sin pensarlo le dio un certero machetazo, decapita a su hermano. La cabeza fue hallada en la cocina de una casa, después que la trajera su curiosa perra ladrona de comida. El cuerpo del decapitado nunca fue hallado y la cabeza fue enterrada en el Sanjón, por eso toma ese nombre. Los nombres de los protagonistas de este hecho, se mantienen en reserva debido a que el hombre que decapitó a su hermano aun vive.

Leyenda del Hombre que se Convertía en Zángano: Los habitantes de La Joya cuentan que existía un hombre que tenía el poder de convertirse en zángano con el propósito de molestar a las mujeres deseadas por él. La mujer que era visitada por este aterrador zángano amanecía al día siguiente golpeada y con moretones en brazos, piernas y el resto del cuerpo. Irónicamente, a pesar de su cruel rutina, le dejaba flores a la mujer en la puerta de su casa. Para prevenir la entrada del zángano a las casas, se acostumbra colocar detrás de las puertas y ventanas, un ramo bendito amarrado con el escapulario de algún santo.

Leyenda del Sanjón de las Cinco Pailas o Sanjón del Diablo: Se cree que en este lugar van las personas muy codiciosas que desean tener mucho dinero y conjuran al demonio o espíritus del más allá para obtenerlo. Hay testimonios que dan cuenta de personas que luego de haber ido al Sanjón, de la noche a la mañana tienen ganado y cultivos en sus fincas. Las personas que van a visitar el lugar dicen que ya en la segunda paila se comienza a sentir escalofríos en todo el cuerpo, miedo y terror por el eco de los pasos.

Leyenda del Puente de la Urbina: Se cuenta en todo el municipio, que hubo una mujer conocida como Doña Urbina que necesitaba construir un puente sobre el Río Chama, para ello solicitó los buenos oficios del Capitán Marqués para que llevara adelante la obra, quien acepto complacido la encomienda. El Capitán solicitó los permisos correspondientes para la construcción del puente y le dieron un plazo para terminarlo, sino tendría que pagar una multa bastante alta. Sin embargo, el tiempo pasó y la obra no se concluía. En su angustia el Capitán invocó al diablo e hizo un pacto con él: “constrúyeme en un día el puente y yo te entregaré mi alma”. El diablo aceptó y levantó el puente en una noche. Marqués, pícaramente, había colocado una tabla rociada con agua bendita a un lado del puente. Al día siguiente, el diablo llamó a Marqués y le dijo: “te vienes conmigo al infierno, porque el puente está construido”. El capitán recorrió el puente y sacó aquella tabla escondida y le respondió al diablo: “usted no ha concluido el puente, le falta esta parte, no ha cumplido con el trato y por lo tanto yo quedo liberado del compromiso”. El diablo se volvió candela y huyó. El Capitán Felipe Márquez completó la obra justo a tiempo para librarse de las multas, pero le dejó una pequeña parte incompleta para anular el pacto que había contraído con el diablo. El capitán fue homenajeado y Doña Urbina fue complacida.

Espanto en la Travesía: En la carretera de Los Curos, en un sitio conocido como El Tampacal o La Travesía, existe una leyenda que los habitantes llaman el “Espanto de la Travesía”. Se cuenta que hace muchos años murió un señor en ese sector y, cuando llegó la hora de sacarlo para el entierro, los habitantes se reunieron y formaron una procesión fúnebre. Los hombres cargaban el féretro en sus hombros pero lastimosamente, la carretera era inclinada, irregular y su camino muy accidentado. La distancia hasta el cementerio de Lagunillas era mucha, así que cansados, decidieron bajar el féretro y ponerlo a orillas de la carretera. Aprovecharon la frescura regalada por el trapiche para refrescarse y continuaron su recorrido. Finalmente, le dan cristiana sepultura en el cementerio municipal. Sin embargo, los habitantes de la zona aseguran escuchar ruidos extraños e inexplicables quejidos en el lugar. La razón, según las personas de más edad fue el haber detenido el paso y descargar el féretro en la carretera porque eso hizo que el alma del difunto penara.


La Señora que pedía Limosnas, Leyenda: Se cuenta en todo el municipio que en el poblado de la Laguna existió una señora que esperaba a las personas en las afueras del mercado para pedirle limosnas. Según testimonios de las personas mayores del pueblo esta señora era humilde e imposibilitada físicamente. Un domingo como era costumbre, la señora estaba en la calle esperando la salida de las personas. Un hombre llamado David al verla pidiendo le dijo: “¡mujer, póngase a trabajar y no le esté pidiendo a nadie!”. Ella le respondió: “sólo le pido a Dios que me de licencia de encontrarnos usted y yo en este mismo camino, cuando yo me muero”.Trascurrieron un par de años y la anciana murió pero David no se enteró del acontecimiento y un domingo visitando el pueblo se le hizo de noche llegando a la aldea de la Laguna, en el camino, se le aparece aquella señora que pedía limosnas los domingos. El asustado hombre fue seguido por la aparición de la señora hasta el camino de la joya. A los pocos días del incidente David murió al parecer de causas naturales.

El Caballero, Leyenda: Esta casa esta desolada porque -según cuenta la gente- existe en ella un misterio o espanto. En la noche llega un jinete en su caballo, le da varias vueltas a la casa y se detiene en la puerta principal haciendo sonar muy fuerte las riendas. Después de eso, el jinete se baja del caballo y camina por los pasillos y alrededores de la casa; al caminar, sus pasos chasquean, suenan como si tuviera las botas llenas de agua. Finalmente, se monta en su caballo y le da una última vuelta a la casa mientras que su caballo relincha para luego perderse en la oscuridad. Antiguamente, la finca sirvió de posada para arrieros que iban de paso por el lugar, ese puede ser el origen del espanto en la casa. Allí existe un entierro de uno de esos caballos que nunca volvió.

Mito de la Laguna, La Pantanosa: Se cree que cuando hay tempestad, truenos o relámpagos, se puede observar como sale de allí un hilo de fuego que se pierde en el espacio. Esta laguna posee un hechizo, si se le mira mientras llega la tormenta, las personas pierden el equilibrio y caen al agua. De aquí nadie ha salido herido pero cuando alguien le lanza piedras, la Laguna se molesta y empieza a relampaguear, a tronar y a llover fuerte, además, el tiempo se oscurece sin importar que hora del día sea. Los encantos de la Laguna, también sirven para atraer a muchos habitantes curiosos y se ha convertido en uno de los atractivos más importantes del pueblo.

Doña Simona, Leyenda: También conocida como Johana, se presenta algunas veces como una anciana, otras como una enorme serpiente negra que vive en el fondo de la Laguna. Se cuenta en la comunidad que allí, habita en una hermosa ciudad o castillo, al que desde tiempos inmemorables descienden las almas de los pobladores de Lagunillas al morir. Su compañero recibe el nombre de Don Simón, él no vive en la laguna, sino que forma otras lagunas arriba de los cerros donde están las piedras grandes en La Trampa; la piedra del platanal de don Antonio; la piedad del Fraile que es Don Vicente y la piedra de San Bailón de Don San Bailón. Doña Simona acostumbra llevarse a los niños perdidos en su orilla; ellos aparecen convertidos en adultos cuando pasa el tiempo.

Curanderos que salen de la Laguna de Urao, Leyenda: Es conocida por todos los pobladores del municipio, la leyenda de doña Simona y don Simón como dueños de la laguna, quienes aparecen en formas de inmensas culebras negras. La comunidad comenta que para introducirse a la ciudad que hay debajo del agua de la Laguna de Urao, hay que traerle miche en una mucura y un gancho de chimó acompañado de una vela de cebo y una moneda antigua. Sin embargo, muchos que lo han hecho nunca vuelven a este mundo y quienes regresan lo hacen en un gran curandero o médico brujo. Cinco nubes viajeras, Leyenda: Esta leyenda explica el origen de las cinco lagunas del páramo andino: Laguna Blanca, Laguna Negra, Los Lirios, Las Palmas de Mariño y Los Anteojos. El texto de la leyenda es original de Mazael María Belandria el Chelo. La historia es la siguiente: Cinco nubes viajeras vagaban un día, enormes, inmensas; proyectaban sombras errantes. ¿De dónde venían? Quisquibay, el alma de la sierra tovareña, primera hembra entre los indios bailadores, habitantes de las riberas del río Mocoties, tenía el poder de imitar el silbido de las aves. Un día vio volar, bajo la cumbre infinita de los cielos, a las gigantescas nubes viajeras, cuya blancura producía fosforescencia. Tuvo envidia de ellas y quiso tenerlas para revestir su cuerpo con tan extravagante ropaje. Corrió como loca tras las sombras; atravesó cumbres y valles. Al fin, ya cansada, se detuvo a descansar sobre las cimas del páramo de Mariño. Las nubes viajeras se perdieron de vista. Entonces Quisquibay se desgarró en llanto y rasgó su vestimenta. El día llegaba a su fin; casi congelada miró hacia el cielo y divisó al ostro de la noche, mientras se producía una aterradora tormenta que la dejó enmudecida. En tonces, en medio de la bóveda celeste, se produjo un resplandor en el que se desplazaban las cinco nubes viajeras, las cuales descendieron y anegaron completamente las concavidades del páramo de Mariño, y con ellas revestida y triunfal quedó Quisquibay petrificada.

Leyenda de Saturnino, Fundador de El Amparo: La gente de Tovar cuenta que en el siglo XIX aproximadamente llegó, de la región conocida como El Llano, una legión de ciento cincuenta hombres, al mando de Saturnino García; permanecieron ocultos en el páramo de Mariño y pelearon muchas batallas. Era un batallón de patriotas que luchaban en la guerra de independencia y su jefe tenía fama de hombre melindroso, fuerte y guerrero. Se decía que Saturnino tenía ciertos poderes muy extraños, y podía sacar agua de las piedras cuando no había más que tomar. Sin embargo, a pesar de su carácter indomable, cuando miró la belleza de los lagos y frutos del bosque, quedó tan encantado que decidió comprar El Amparo a los indios por sistema de trueque. Se casó allí mismo, enviudó al poco tiempo y terminó por quedar mudo y trastornado a consecuencia del frío y el alcohol. Al tiempo se volvió a enamorar con locura, pero no fue correspondido. Quiso apoderarse por la fuerza de la mujer amada y, en medio del forcejeo, fue descubierto por la madre de ésta, quien, con la piedra de moler sal, le dio un duro golpe en la cabeza con el cual le quitó la vida. Así murió Saturnino, fundador de El Amparo.

Leyenda del Yeti de Palo Cruz: La población de Santa Bárbara cuenta la leyenda de la existencia de un animal gigantesco que salía por el este de Tovar. Dicen que hace más de seiscientos años vivían en la aldea alrededor de cinco familias denominadas Los pastores. Una de ellas requería de una joven para el servicio de la casa, de modo que la buscaron en una aldea llamada San Francisco, próxima a Tovar. Un día le encomendaron a la doméstica que fuera a traer un tercio de leña; ella se dirigió al pie del Pico de Horma. A pesar del tiempo que había transcurrido, la joven no regresaba, y decidieron salir a buscarla en el interior de la montaña oscura y lúgubre. Se introdujeron en las profundidades de una cueva y allí hallaron la vestimenta de la doméstica, pero no su cuerpo. De pronto un ruido los atrajo y, cuando alumbraron mejor, se dieron cuanta de que no estaban solos, sino acompañados del llamado Yeti de Palo Cruz, por lo que salieron corriendo aterrados del lugar y nunca más volvieron a pasar por allí. Esta es una de las múltiples leyendas que se cuentan tradicionalmente en la comunidad en relación a la existencia de animales mitológicos de la megafauna andina existentes en parajes boscosos de la colina de la aldea Santa Bárbara.

Leyenda del Cerro Pico de Horma: Esta leyenda es una de tantas que se tejen en torno a la laguna del Cerro de Pico de Horma. Cuenta la tradición de Tovar, que en lo más alto de la serranía, en la entrada de la laguna, se encuentra una palmera de moriche sobre la cual se posa un loro que parece ser el guardián del lugar. Cada vez que los pobladores subían allí, todo se tornaba oscuro y se desataba una tormenta con truenos, rayos y centellas. Cuando los visitantes salían corriendo, cesaba completamente la tempestad. Por esta razón, la comunidad no deja de recordar esta historia y evita acercarse a esta laguna, fundamentalmente en la tarde o de noche.

Leyenda del Cristo de La Galera: Se cuenta que este Cristo fue visto por una niña cuya identidad se mantiene en secreto, mientras estaba en el patio del colegio La Presentación. Ella notó que la imagen descendía entre las nubes con la representación del Sagrado Corazón de Jesús, derramando sangre por las manos y el pecho. Desde aquel momento se le rinde tributo en toda la localidad y se construyó una gran imagen con la que se hacen procesiones en su honor.
 
 
 
 
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