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Estado Falcón
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Guía Viajes Virtual Venezuela - Mitos y Leyendas del Estado Falcón

Mitos y Leyendas del Estado Falcón

Francisca Roja: Discípula de su maestro espiritual Nicolás Faría, fue bautizada en la Montaña de Sorte en el estado Yaracuy. Ha desarrollado catorce cortes celestiales, tiene facultades de "tumbar traspasos indios" y curar mal de ojos, además de hacer baños especiales y despojos. Tiene un ritual que es un conjuro espiritual, donde las personas se reúnen a dar testimonios de los beneficios adquiridos y realizan acciones de gracias, rituales al que llevan flores, frutas y bebidas. Trabaja con don Juan del Dinero, los negocios y rituales a los estudiantes, para el trabajo y para la sanción. Las personas la buscan para que las ayude a remediar problemas físicos y mentales, así como mal de amores.

Francisco Mavarez: También conocido como El Negro Mavarez, nació el 11 de mayo de 1939. Desde hace treinta años se dedica el oficio de echar agua bendita a los niños, práctica aprendida de su padre, quien incluso le dejó instrucciones escritas. Los pasos que realiza son los siguientes: la niña o niño debe estar sujetado por sus padrinos mientras Mavarez menciona el nombre completo del bautizado tres veces. Seguidamente, reza varias oraciones, entre ellas un credo y un padre nuestro mientras se coloca agua bendita en la cabeza. Finalmente se persigna. Este ritual que sirve para proteger a los niños es muy significativo para la comunidad de Dabajuro.

María Morillo y Eufracia Colina: María de la Paz Morillo y Eufracia Colina han sido las parteras más destacadas de la zona. Ayudaban a las mujeres a dar a luz en la década de los años cuarenta, época en que eran inaccesibles o escaseaban los centros clínicos. Procedían de una manera muy aseada pues calentaba el agua con que limpiaban los paños y las tijeras para cortar el ombligo umbilical, además de ofrecerles bebidas naturales, como té de hierbas, a las madres para aligerar el proceso. Aunque ya han muerto, en el caserío La Señora aún se les recuerda con cariño.

Leyendas de Espíritus, Espantos y Duendes: En el caserío La Señora se cuenta que los espíritus o cerentones son muy comunes. Se trata de almas en pena que molestan de mil maneras a los habitantes de este caserío en sus propias casas, impidiéndole comer, dormir o trabajar. Una familia personalmente afectada se mudó de casa porque cuentan que un espíritu estaba enamorado de su hija y la molestaba con frecuencia. Esta comunidad cree ciegamente en estos espíritus y les teme. Otras leyendas versan sobre espantos, siendo las más comunes la del jinete sin cabeza y un duende. Se comenta que han visto y escuchado un caballo que galopa desde el puente Madera hasta Ojo de Agua, donde aparece una luz que se pierde en el camino, y se escuchan ruidos que aseguran son los duendes. La frecuencia con que se manifiestan estos hechos ha atemorizado a la población.

Aparición de la Virgen Rosa Mística: Se cuenta que en varias oportunidades la Rosa Mística se le ha aparecido a Inés Oria. La primera vez ocurrió el 16 de octubre de 1999, cuando buscaba unas flores en su jardín; sintió la presencia de alguien caminando detrás de ella, volteó y notó que era la Virgen, y en ese momento pensó que alguien conocido iba a morir. La segunda aparición ocurrió al día siguiente, cuando estaba sentada en una mesa y advirtió que había mucha escarcha en ella. Dicen que inmediatamente llamó al padre de la parroquia para que rezara porque Inés estaba muy nerviosa. El 14 de mayo de 2000, ella estaba acostada en un chinchorro y nuevamente notó la presencia de la Virgen, quien tocó sus cabellos y le dijo: El padre no tiene nada, él está en la sala de sanación, e Inés contestó ¡Gracias a Dios!, y al rato una paloma blanca entró a su casa. Días antes, el padre de la parroquia había estado mal de salud, le habían operado y se estaba recuperando. Inés Orian vio a la Virgen vestida de blanco y piensa que aquélla le avisó que el padre se estaba recuperando.

Leyendas del Caserío Las Delicias: Los habitantes de Las Delicias han presenciado una serie de eventos paranormales a los que no les encuentran explicación. Uno de ellos sucede en la vía La Represa, donde aseguran aparece una gallina con pollitos pero desaparecen rápidamente. También dicen ver, de vez en cuando, un perro negro gigante y peligroso sin dueño que deambula sin rumbo. Aseguran haber visto a La Llorona, que aparece en ciertas épocas del año; y finalmente refieren de una mujer que pide aventones, habla y enamora a los conductores; siempre se baja en un lugar específico y desaparecer sin dejar rastros.

Ritos para evitar la lluvia: Se cuenta en Buchivacoa que la familia Gómez Pirela inició una práctica para evitar que lloviera en el pueblo que consiste en quemar una palma o pan rallado sobre un plato, y esparcirlo en el patio principal de la casa. Con los años, esta tradición se ha vuelto conocida por los habitantes, y muchos las practican.

Casa de la Humildad, leyenda: Se trata de una leyenda que versa sobre la aparición de un hombre con uniforme de color caqui que camina por las instalaciones de esta casa, que se cree es el alma en pena del general Deogracia Gutiérrez, personaje de este comunidad. Una de las personas que habitó en esta casa, Inés Reyes, vio el espectro en varias ocasiones; Samuel Gutiérrez también asegura que esa misma alma se arrimó junto a su nieta en una cama. Esta leyenda aún es creíble, y se especula que el ánima del general camina en los alrededores de la que fue su casa hace más de cien años, cuyo legítimo dueño es actualmente Guillermo Reyes.

Cómo atrapar brujas: Es una creencia de la localidad que cuando se escucha un aleteo sobre el techo de una casa alguien grite dentro: “Sábado, día de la Virgen, ven mañana por sal”. De esta manera al siguiente día vendrá una persona pidiendo sal en préstamo y quedará en evidencia quién es la bruja.

Creencias sobre el embarazo, parto y nacimiento: Estas creencias han sido transmitidas oralmente, se han propagado en Paraguaná y forman parte de las tradiciones aún arraigadas en la región: -Para aligerar los dolores de parto se colocan en las muelas posteriores huesos de espinazo del pez temblador. Una vez que la mujer paría debía permanecer cuarenta días comiendo gallina y sin bañarse. -Para bajar la leche de una recién parida se le da a beber avena en abundancia o se le pega un perrito recién nacido. -Si el niño nace con unas manchas rojas (angiomas planos) se dice que le dio la luna a la madre embarazada.
A los niños que nacen enmantillaos (envueltos en hollejo) se les debe regalar una llavecita como dije, se guarda la mantilla y da suerte. Quien así nazca podrá en el futuro ver a los difuntos. Cuando no se satisfacen los antojos de la mujer embarazada el muchacho sale boquiabierto y se le debe pagar lo no comido por la boca del niño.

Cuento de la sombra de la casa del anciano: Se cuenta que a las tres de la tarde se sienten pasos y se observa una sombra que se desplaza desde el zaguán al baño que está al final del corredor. Algunos ancianos creen que en la casa hubo un entierro y que el aparecido sólo quiere comunicárselo a alguien. También cuentan que al aparecer el fantasma las cortinas se mueven ligeramente y en ocasiones se oyen batir las ventanas.

Costumbres y creencias: Hay una serie de conductas arraigadas en el paraguanero desde su crianza, entre ellas se destacan las siguientes: -Entrar a un local comercial y encontrar las sillas volteadas sobre la mesa es señal de mal augurio. -Al chivo se le cortan los testículos para engordarlo y venderlo a mejor precio. -Cuando llega una visita lo primero que se le ofrece es cache o lo que es igual, café clarito. -Para ir al pueblo o para Punto Fijo las mujeres mayores se amarran un pañuelo en la cabeza y los hombres se ponen sus sombreros, últimamente sustituidos por las gorras de béisbol. Las más jóvenes y solteras lucen sus mejores ropas en las fiestas del pueblo.

El Ánima de Agapito: Esta leyenda cuenta que en los comienzos del siglo XX existían muchas ánimas merodeando en los Caminos Reales de Paraguaná, y por ello las personas que caminaban por ahí llevaban piedras para tirarlas en el lugar donde aparecían las ánimas. Hoy en día es posible ver los montoncitos de piedras al borde de los viejos caminos. Una de esas ánimas es la de Agapito. Se dice que Agapito murió de hambre sobre una pequeña mata de olivo, donde posteriormente se le erigió un modesto altar. Se sabe que algunas personas le hacen promesas y que es muy cumplidor.

El Muerto de Las Cabezonas: Esta leyenda popular refiere a un muerto que se aparece continuamente por las cercanías del hato de San Francisco, en el sitio denominado Las Cabezonas.

El Rezo de la Culebrilla: Este es un ritual con arraigo en la parroquia de El Vínculo. Para curar la culebrilla (una erupción en forma de culebra) se hace un rezo empleando la oración del Padre Nuestro al revés, según el testimonio de la señora Marbella Goitía, vecina del lugar. Si se une el rabo con la cabeza de la culebrilla, la persona que la padece muere.

El Espanto de Philadelphia: está relacionado con un incendio ocurrido en el año 1954, en el que fallecieron cinco personas, entre ellos cuatros niños: tres hermanos, un primo y una señora que estaban embarazada. Personas que habitaron la casa cuentan que los niños se ven jugando en una habitación.

El Paso del Diablo: es un tramo cubierto de cujíes que, según los habitantes, presentan formas de rostros y figuras humanas malditas. De noche se han visto extrañas luces en esta zona solitaria. Los habitantes aseguran que los caminantes se sienten sobrecogidos por algo que los observa cuando transitan por este lugar.

Entierros: No hay casa vieja de gente pudiente en Paraguaná donde no exista un entierro. Un entierro es una creencia regional que consiste en pensar que hay un tesoro enterrado: morocotas, antiguas monedas de oro. Se cree que hay un entierro cuando aparece una luz azul, que es señal de protección y resguardo del tesoro, la cual sólo ve la persona vidente. Si sacan el entierro se debe hacer una misa al difunto.

Fantasmas de Sanqüiche: Las leyendas de los fantasmas de Sanqüiche tienen siglos de historia. Una de ellas es la gallina con muchos pollos. Los paraguaneros nunca han podido contarlos porque crecen en número a medida que se camina junto a ellos. Según la leyenda los pollitos y la gallina son de tamaño natural, pero en un momento determinado se levantan tanto del suelo que llegan a tapar el cerro Santa Ana y a meterse entre las nubes. Otra creencia es la de Paula Santa, mujer muy atractiva que vivió en la colina Arajó. La leyenda cuenta que al morir ordenó a sus vasallos que lanzaran su capa color ladrillo sobre esa colina para que nunca fuese confundida con el cerro Santa Ana, que es de color azul intenso.

Promesas a Santos: Desde tiempos ancestrales la comunidad de Falcón deposita su fe en algún santo patrono cuando de enfermedades se trata. Entre las familias autóctonas, si alguno de los miembros cae enfermo uno de sus familiares pide su curación a cambio de cumplir alguna promesa. La sanación se paga al participar en las procesiones y demás festividades religiosas del pueblo.

El Espanto de Juan Crisóstomo Falcón: En época de luna llena algunos pobladores de la zona aseguran haber visto al general Juan Crisóstomo Falcón montado en su caballo, recorriendo sus propiedades acompañado de un peón con una lámpara. Muchos son quienes corren despavoridos a cerrar sus puertas y ventanas cuando oyen el relincho del caballo de Falcón.

Cuento del arreo de mulas cargadas de dinero: Es famoso en toda región el cuento del arreo de mulas cargadas de dinero que se perdió en los caminos de Paraguaná. Los campesinos aseguran que el tesoro fue enterrado pero que nunca se supo el lugar exacto. Cada pueblo afirma que el botín está en sus alrededores.

Las Brujas: Es una creencia en bellas mujeres que han vendido su alma al diablo y de noche se convierten en aves grandes y negras, similares a un zamuro, que salen en busca de personas seleccionadas con anterioridad para chuparles la sangre o hacerles algún mal. Su maldad se vincula a los males del amor y a la envidia. Cuando visitan una casa se oye el aletear pesado del ave y el golpe seco que cae en el techo. Se sabe del caso de una pareja que iba apresurada en busca del médico del pueblo para salvar a su pequeña bebé, cuando observaron el vuelo de un zamuro que rozó la cabeza de la pequeña y en el acto ésta murió.

La Cueva del Encanto: Se trata de una amplia extensión en la que se ubica la cueva del encanto, la cual ya no existe. En ella se aprecia una vegetación única en el estado: matorrales que forman bohíos naturales los cuales son usados por sus pobladores como sitio de esparcimiento, especialmente el Viernes Santo.
En esta zona converge la mayoría de las corrientes de agua de la península, sobre todo en la región oriental. Sobre la cueva se han tejido cantidad de leyendas y fantasías. Se cuenta que quienes entran en ella no regresan, por cuanto quedan encantados. La zona también es rica en serpientes, matacanes y demás ejemplares de la fauna paraguanera. Existe un documento de una investigación realizada por la Universidad Francisco de Miranda en el que se recogen testimonios de ancianos sobre las leyendas referidas a este monumento natural, que se espera sea declarado Parque Nacional.

La leyenda de Peniche: Según esta leyenda en la carretera cercana a esta localidad se ven las luces de un carro en la distancia, que se aproxima pero que nunca llega. Se dice que es el carro de Peniche, un hombre que dejó un entierro (tesoro escondido) que nadie ha podido desenterrar. Parece que algunos lo han hallado, pero entonces el muerto se les aparece y pone como condición para entregarlo que le otorguen como pago una vida.

La sábila como amuleto: En la comunidad de El Vínculo y otras zonas aledañas se mantiene vigente la creencia popular en los poderes sobrenaturales de la sábila, que es utilizada como protección contra trabajos de hechicería o magia negra. La sábila, una planta de muchas cualidades curativas, también es aprovechada en la zona para elaborar jarabes, jabones y otros productos caseros. Los habitantes de la península la han sembrado desde tiempos remotos para beneficiarse de sus propiedades.

Las ánimas de los muertecitos: Los años de 1911 y 1912 fueronde hambre, sed y dolor para toda Paraguaná, lo cual desató un éxodo masivo. Sus habitantes, enloquecidos por las penurias que padecían porque no había llovido durante dos años, emigraron hacia la serranía occidental y a otros lugares del estado, buscando el agua y el alimento que no encontraban en la península. La gente partía en caravanas bajo el sol inclemente con los pocos alimentos que tenían; enel trayecto se desvanecían y al volver en sí continuaban su camino. Miles de personas fallecieron en aquel éxodo. Se estima que así murió la mitad de la población que existía en Paraguaná para 1912. Familias enteras salían buscando manos amigas que les ayudaran con alimentos y agua para seguir su camino, y muchos perecieron en él.
Esto explica la aparición de muchos restos óseos por los caminos paraguaneros, en los que se observa el paso del tiempo. Cuando alguna persona los encuentra les da sepultura y comienza a rendirles culto.
Éste es el caso de las Ánimas de los muertecitos de Santa Cruz. Cuentan sus pobladores que los huesos yacían a la intemperie en una especie de montecito. La señora Hermorígenes Perozo les hizo construir una pequeña capilla donde en una cavidad hecha de concreto varias osamentas están depositadas a la vista de todos. Allí concurre la población a encender velones, rezar y agradecer favores concedidos por las ánimas de estas personas desconocidas.

Los espantos del callejón Miranda: Estos espantos aparecen vestidos totalmente de blanco y con grandes sombreros. Cuando salen asustan a los ebrios que pasan por el callejón Miranda, atormentándolos hasta sus casas. Los hombres que han vivido esta experiencia quedan con una fuerte impresión y generalmente se alejan de la bebida, al menos por un tiempo.

Leyenda de la casa maldita de Jacuque: Cuenta la leyenda que en tiempos de la Colonia se acostumbraba el sacrificio de algún animal para luego enterrarlo junto a unas morocotas (grandes monedas de oro y plata), para así resguardar el tesoro. En esta casa de Jacuque, donde se dice que habitó Juan Crisóstomo Falcón, sus antiguos propietarios decidieron hacer un entierro pero fue a un indio desprevenido al que lanzaron al hoyo y enterraron vivo. Desde entonces su alma en pena hace que quienes habiten en la casa salgan despavoridos.

Mal de ojo: es una creencia que se mantiene en toda la comunidad de El Vínculo. Se trata de una situación de quebranto de salud que presenta un niño sobrecargado por las malas energías de las personas que lo miren. Se manifiesta en la hendidura de la parte frontal de la cabeza, no encuentra explicación científica y existe un personaje que cura la enfermedad.

Para encontrar al asesino: Según ciertas creencias de Paraguaná, cuando una persona era asesinada alguien faculto en brujería podía preparar al difunto para que el asesino no pudiese huir. Después de rezarle unas misteriosas oraciones y amarrarle fuertemente las piernas con un mecate por los tobillos, le colocaba un huevo de gallina en la boca. El asesino moría al romperse el huevo. Se sabe de más de uno que trató de desenterrar al muerto para evitar el maleficio. También existe la creencia de que cuando una persona era asesinada y no se sabía quién era el asesino, si éste se presentaba en el velorio el cadáver empezaba a sangrar por la herida.

Cuento de los aparecidos de la casa vieja: El aparecido de la casa vieja es una creencia de la localidad. Se cuenta que en la calle ubicada entre Bolívar y Falcón existía una casa abandonada. La vivienda poseía un corredor que daba hacia la calle principal y en él se veía a una pareja de ancianos caminando a todo lo largo. Según quienes los han visto, estas figuras no tienen piernas y andan flotando en el aire.

Bolas de Fuego del Zaino: Vieja leyenda de la parroquia El Vínculo. Cuenta que dos comadres se encontraban en las salinas del Zaino y que allí pelearon por un puño de sal. Por haber violado un sacramento se convirtieron en bolas de fuego. Desde entonces, dos bolas de fuego vagan sin rumbo por la noche en los alrededores de la salina.

Sabanita: Cuenta la leyenda que en el poblado de La Sabanita existe una duende que encanta a los hombres. El encantamiento consiste en hacer perder la razón a las víctimas, y la única manera de hacerles salir de ese estado es ubicando a sus padrinos de agua para que recen, paguen con monedas y pronuncien en voz alta, al derecho y al revés, el nombre del ahijado hasta exorcizarlo por completo.

El encanto de Barrio Nuevo: Se cuenta que en un peñasco situado al oeste del pueblo de Barrio Nuevo, que mide cerca de 200 m de largo por 50 m de ancho, tiene una entrada por donde hace muchos años se veía acceder a un hombre, pero que ahora escasamente podrían entrar animales de pequeña estatura, ya que se redujo a unos 45 cm de alto por 45 cm de ancho. Lo misterioso de este lugar radica no sólo en la reducción del tamaño de la entrada, sino en que quien se acerca allí padece inmediatamente de frío intenso y lo ahoga un profundo silencio que dicen se asemeja a una especie de encantamiento.

Creencias y apariciones: Según la comunidad, en el sitio comprendido entre la vivienda de Ramón Palencia y la de Ana de Chirinos, durante varias noches a lo largo de distintos años, ocurrían las apariciones de una mujer con una vestimenta de color azulado de la que se desprenden luces. A esta aparición se conoce con el nombre de Mariana. Se dice que obstruía el paso a las personas que transitaban por allí montadas a caballo. La aparición asustaba tanto al animal, que éste relinchaba y tumbaba al jinete instantáneamente. Existe también otra creencia en la zona que advierte que al oír el galope de un caballo por ese lugar, era seguro que al día siguiente, alguna persona amanecería muerta.

La leyenda de la Llorona: En muchas poblaciones del municipio, se cuenta que en días previos a Semana Santa, aparece este espectro con forma de mujer. Se dice que el espanto es el alma de una mujer que mató a su hijo y fue castigada a deambular en las noches oscuras procurando oraciones para el descanso de su espíritu. Si alguien escucha el sonido lastimero de sus gemidos y reza una oración, la Llorona se acerca más para que le continúen rezando, de ahí que cuando los habitantes del municipio escuchan su espantoso llanto empiezan a proferir insultos para espantar a la Llorona.

Los dueños de patios: Los denominados dueños de patios son todas aquellas personas que toman a su cargo los costos derivados por los festejos de las Turas pequeñas. También son considerados como ayudantes dentro del rito agrario. Uno de los más célebres dueños de patios fue Belarmino Vásquez, quien en su momento facilitó el patio de su hacienda para este propósito.

El Yoco: Es una planta medicinal, conocida generalmente como hierba mora, que es utilizada por la población para curar la culebrilla. Se cree que esta enfermedad puede llegar a ser fatal y según se cuenta, se caracteriza por la presencia de un cuerpo extraño en forma de culebra que atraviesa gran parte del organismo humano. Hay quien considera a su vez, que es una dolencia relacionada con el sistema nervioso. El yoco se tritura y se mezcla con aceite de tártago. Luego, esta pasta se aplica en el cuerpo afectado durante siete días a la vez que se escribe, al derecho y al revés, el nombre de José, María y Jesús en el área dañada. La infección deja un rastro color morado en la piel cuando se seca, que en pocos días desaparece.

Duendes burlones: Suelen habitar las casas antiguas que quedan a orilla de los ríos o quebradas. Se dice que son hombres diminutos, más pequeños que un niño de dos años. Aún cuando son figuras frecuentemente asociadas a la protección de las aguas, se dice que han adquirido el hábito de vivir dentro de las casas en los períodos más fríos del año. Son criaturas muy pulcras, que pueden ser espantadas si se cuelga alguna comida apetitosa, contaminada con excrementos. Una de las manifestaciones típicas que revelan la presencia de estos seres es la pérdida de objetos dentro de las casas. A veces un objeto que ha sido dejado en una mesa, por ejemplo, desaparece sin explicación aparente. Para contrarrestar su influencia se suele hacer un nudo a una toalla o paño muy grueso, diciendo al mismo tiempo y en voz alta, que no se desatará el nudo hasta que el objeto en cuestión no reaparezca. En Churuguara se comenta el caso de una familia que hacia principios del siglo XX, fue hostigada por una de estas criaturas y tras hacérsele diferentes conjuros y seguir las indicaciones para ahuyentarlo, decidió finalmente mudarse de casa.

El duende de la aguada de Los Gayones: Se dice que el duende de la aguada de Los Gayones aparece simulando distintas figuras. Adquiere forma de pájaro de muchos colores o toma la apariencia de culebra, con el fin de auyentar a cualquier curioso que ose acercarse al lugar en determinadas horas de la noche. La mayoría de las personas que lo han visto, aseguran haber presenciado esta aparición en su faceta de reptil.

Los aparecidos de la alcantarilla: En el sector La Ceiba, existen muchas historias de aparecidos a altas horas de la noche. En una ocasión, después de las once de la noche, un joven que conducía su moto, percibió que uno de los neumáticos se estaba vaciando. Al detenerse para corregir esta falla y antes de poder bajarse de la moto, sintió que alguien se montaba en la misma indicándole que debía seguir sin mirar hacia atrás. Por la voz que escuchó, dedujo que se trataba de una mujer joven. Condujo a lo largo de la desolada carretera y al pasar frente a una solitaria casa que estaba en el camino, intentó frenar mientras gritaba pidiendo auxilio, pero la máquina no se detuvo. Continuó con la joven hasta llegar cerca del pueblo de Mauroa. La moto empezó a bajar velocidad hasta detenerse al frente de una alcantarilla. La mujer le dijo al joven que ahí se bajaba y acto seguido, desapareció. Los habitantes de esta zona tratan en lo posible de no salir en la noche debido a estas creencias.

El aparecido del caballo blanco: Cuenta la leyenda que en el sector El Padillar, por las noches, aparecía un hombre vestido de blanco montado sobre un caballo del mismo color. Llegaba hasta un árbol en particular y allí se detenía.
Una señora, llamada Eduvígida que vivía cerca del árbol, se acercó al hombre del caballo blanco y le preguntó si él era de esta vida o de la otra. Él le contestó que era de la otra. Al escuchar la respuesta Eduvígida le volvió a dirigir la palabra para preguntarles qué buscaba y él respondió que alguien lo sacara de pena. Ella aceptó ayudarlo y el jinete le indicó a la mujer que ésta fuera adelante, a lo que ella contestó que siguiera él primero. Así estuvieron un rato, porfiando él que fuera ella adelante y ella que fuera él quien andara primero. Al no ponerse de acuerdo, el hombre desapareció sin dejar rastro. Las personas que escuchan esta leyenda se estremecen temiendo salir en las noches.

El venado negro de los Mamonales: Se cuenta que en la hacienda de El Mamonal, han visto aparecer misteriosamente un venado negro entre los arbustos y matorrales, que al dispararle certeramente cae al suelo, pero cuando el cazador se acerca a la presa, desaparece sin dejar el menor rastro. Desde hace mucho tiempo, los habitantes de esta zona, especialmente los cazadores, no se aventuran a adentrarse en las espesuras del lugar, mucho menos por la noche.

Creencia de los seretones: Es muy frecuente escuchar esta creencia entre los pobladores del caserío Curazao. Se dice que los seretones son personas que tienen la capacidad de transformarse en animales y así vigilar y castigar a sus enemigos.
Hay quien dice que logran convertirse en animales ponzoñosos para matar, o en aves para volar por encima de las poblaciones o en murciélagos que vuelan por la noche y vigilar así a sus enemigos. Pueden transformar de manera permanente a alguna persona que les incomode u obstruya sus planes. Comentan que los seretones son un grupo, parecido a una secta, que guarda celosamente esta práctica y la emplea en su beneficio personal.
De uno de los habitantes de la comunidad que murió hace cuarenta y cinco años, llamado Pablo Martínez, se dice que poseía un libro de hechicería y con la ayuda del texto lograba convertirse en seretón y deshacerse de sus enemigos transformándolos en animales. Se comenta que por esta razón, los habitantes del pueblo, le temían.

El aparecido del Cacao: En la entrada de la hacienda El Cacao, se dice que, a altas horas de la noche, aparece un hombre con espuelas de oro montado en una mula. Hay quienes lo han visto y comentan que aparece, de pronto, en la carretera, impidiendo que el paso. Al tocarle corneta desde un carro, se aprecia cómo la mula se convierte caballo y al acercarse, desaparece con todo y montura. Los habitantes de la comunidad evitan transitar por ese sector, entre las once y las doce de la noche, por temor a esta leyenda.

Mito de El Hachero: Desde el año 1930 existe la creencia de que en las montañas se oye el sonido de un hacha e inclusive el de árboles cayendo. Los curiosos que se acercan al lugar donde se produce el sonido se sorprenden al ver que no hay leñador ni árbol caído alguno.

Leyenda del tesoro y el oso: La familia Zavala es una de las familias más antiguas de La Vela y Carrizal, pues sus generaciones ocuparon las tierras falconianas durante todo el siglo XVIII, XIX y principios del XX. Esta familia contaba con casas, hatos, bodegas, barcos, y ganado. Las familias de antaño, sobretodo en época de guerra, tenían la costumbre de enterrar un baúl forrado de cobre y lleno de monedas de oro y joyas. Un día, miembros de las generaciones posteriores de esta familia se lanzaron a la búsqueda del tesoro guardado. Abrieron un hueco para extraerlo y cuando creían que lo estaban tocando vieron a un oso que surgía del fondo de la tierra. Los Zavala aterrados cerraron el hueco y nunca más intentaron excavarlo. Algunos afirman haber visto el oso y haber sentido una extraña fuerza en la casa de los Zavala. Se dice por el pueblo que el oso es el guardián del tesoro.

Leyenda de la Virgen de El Pilar: Según cuenta la comunidad, la imagen de esta Virgen llegó a un sitio llamado Juan Diego, al lado de La Peña. Dicen que había allí una comunidad indígena en la que vivía Pedro Gauna con su familia. Un día pasó una tropa y le reclutó a su hijo. La esposa de Pedro hizo la promesa a la Virgen que si su hijo era devuelto, ella construiría un sitio donde orar. El hijo regresó y construyeron una casa de bahareque en Agua Viva. Desde ese momento el lugar se convirtió en santuario y se comenzó a realizar la festividad que desde hace casi cien años es una muestra representativa del fervor religioso local.

 

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