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Mitos y Leyendas del estado Bolívar

El Mito de El Dorado
El Mito de El Dorado se crea a partir de la creencia de que existió un lugar mítico en tierras suramericanas donde abundaba el oro y grandes riquezas.
Sitio en donde el cuerpo de un cacique, acompañado de su tribu, era cubierto completamente en polvo de oro, como parte de una ceremonia. Se hace referencia al ritual realizado por los indios muiscas, en el lago de Guatavita, lugar cercano a lo que hoy en día se conoce como Boyacá en Colombia. Se dice que a la llegada de los europeos en las nuevas tierras, avistaron a los indígenas guayanos con adornos de oro en sus collares y desde luego, que esto despertaba aún más la búsqueda de El Dorado. Se dice que en la región, quien más se dedicó con empeño al encuentro de esta fabulosa ciudad dorada fue Antonio de Berrío, quien hizo 3 expediciones y tras 11 años de exploración decidió tomar posesión de Guayana el 23 de abril de 1593; desde esta fecha a partir de la fundación de Santo Tomé de Guayana, el 21 de diciembre de 1595, se fortaleció la búsqueda y el poblamiento de la zona. Luego de tantos enfrentamientos entre corsarios, holandeses, ingleses, españoles e indígenas originales de Guayana, se fue colonizando y creando la urbe con el olvido del espejismo sobre el citado mito, permitiéndose el florecimiento de una estructura social y económica basada en otros elementos más reales y tangibles. El Dorado también fue buscado en Guayana, y es precisamente este mito, el que hizo posible el establecimiento de asentamientos por parte de los españoles en esta zona. Los personajes que adquieren relevancia en estos orígenes de intervención europea en Guayana son Diego de Ordaz, el primer conquistador español en navegar el río Orinoco, bautizando con la voz autóctona a la región; Antonio de Berrío, primer gobernador de Guayana y Walter Raleigh, capitán inglés, primero en escribir un libro sobre Guayana titulado el descubrimiento del grande, rico y hermoso imperio de Guayana (1596) con una imagen del río Orinoco en su Portada. Éstos también son considerados como algunos de los más conocidos aventureros buscadores de ese lugar mítico y colmado de riquezas, El Dorado. La comunidad guayanesa reconoce que debido a la creencia en esta leyenda, se establecen los primeros poblados, afirmando que, si bien es cierto que el lugar tal como lo enuncia el mito no fue, ni ha sido encontrado en Guayana, aquí sí está El Dorado. Se señala que el potencial hidroeléctrico, los recursos minerales, las industrias básicas, la belleza natural, unidos con la ciencia, la tecnología y el trabajo productivo, constituyen la verdadera riqueza de la región, siendo éste el auténtico Dorado perseguido por los aventureros foráneos.

Creencias sobre el encuentro de los ríos Orinoco y Caroní
Esta creencia se origina en la zona donde desemboca el Caroní en el Orinoco. Las aguas del río Caroní, de color azul oscuro, son perfectamente diferenciales de las del Orinoco que son de color marrón amarillento. Esta diferencia del color del agua persiste en el área frente a San Félix. Desde el punto de vista geográfico, es sólo el río Orinoco el que se observa, cargando consigo las aguas del Caroní, pero el común de las personas asume que el Caroní, no pierde su identidad por lo menos en esta zona. Según la creencia, en un mismo punto el Caroní pasa frente a San Félix y el Orinoco frente a Los Barrancos de Fajardo, estado Monagas, población que se encuentran frente a la otra en riberas del Orinoco. En el municipio existe la creencia generalizada de que en el trecho que abarca San Félix ambos ríos corren por el mismo cauce. Cuestión que ha sido oficializada a través de la denominación del evento deportivo Paso a Nado de los ríos Orinoco y Caroní, cuya meta de competencia se define en una línea recta que une ambas márgenes del Orinoco, cuando en realidad en este punto es el río Orinoco, el que en gloria y majestad, domina el paisaje.

Los Muertos de la Plaza Miranda: La historia nace después de la destrucción del antiguo cementerio de San Félix que estaba ubicada en el lugar donde ahora se encuentra la plaza Miranda. Los vecinos del secto dicen que han visto apariciones en ese lugar, y de hecho tienen temor de sentarse en esta plaza a las 12 de la noche, pues creen que es la hora en que los difuntos están presentes. La comunidad se identifica con esta historia pues nunca se olvidan que antes de la plaza existió un cementerio, demolido en 1979.

Jinete sin Cabeza: Se cuenta entre los habitantes del centro de Ciudad Bolívar que a veces, cuando ese sector queda solitario, en las partes más oscuras empiezan a sentir lentamente el sonar de unos cascos de caballo y cuando menos se lo esperan comienzan a notar la figura de un jinete sin cabeza que lleva a rastras unas cadenas.

Monstruo de las Siete Cabezas: Relato antiguo según el cual la Piedra del Medio, ubicada en la angostura del río Orinoco estaba sostenida sobre una gigantesca serpiente de siete cabezas. Se dice que cada una de las cabezas del monstruo reposa en un punto estratégico del Casco Histórico de Ciudad Bolívar. A las cabezas les eran atribuidas siete muertes misteriosas que solían ocurrir algunas noches en diferentes sitios de la ciudad, a la misma hora y bajo las mismas circunstancias. En ese tiempo los antiguos pobladores daban por cierta esta leyenda. Otros contaban que son siete túneles construidos en diferentes lugares, que aprovechaban los realistas para matar a los rebeldes, luego ellos mismos se encargaban de correr el rumor y atribuir los asesinatos al Monstruo de las Siete Cabezas.

Superstición de las Tres Caídas: Para los guayaneses, caerse tres veces seguidas en una pista de baile es de mal agüero. Esto fue lo que le sucedió al general Manuel Castillo Cortiz en un suntuoso baile que se realizó en la Casa de las Doce Ventanas el 2 de marzo de 1880. El General se llevó una cuarta caída y, esta vez, a causa de los balazos que le diera un oficial de la guarnición local, quien fue ejecutado allí mismo. Dieciocho años antes el prócer de la Independencia José Tomas Machado, dio origen a la superstición que pretende ver los espantos asomados por las ventanas. Desde entonces a esa edificación le dicen «la casa encantada». Se cree que al pasar por allí se sentían pasos aglomerados y confundidos, acompañados de sombras, el crujir de la madera y el batir de puertas y ventanas.

Leyenda Nuestra Señora de las Nieves: Nuestra Señora de las Nieves se encuentra ubicada en lo alto de la nave principal de la catedral de Ciudad Bolívar y para monseñor Samuel Pinto Gómez la diócesis cuenta con dos patronos: Santo Tomás, porque con este nombre fue bautizada cuando se creó la provincia de Guayana, y Nuestra Señora de las Nieves, porque su culto ha venido prevaleciendo con el tiempo. La escultura señorial de Santo Tomás está situada en el atrio de la catedral. En todo caso el culto a ambos pervive en la ciudad. Se cuenta que la Virgen, cuando hizo su misteriosa aparición en el monte Equilino, se cubrió de nieve, de allí el nombre. La devoción por aquella aparición se extendió por todo el mundo católico en la época en la que decaía el Imperio Romano y con los conquistadores españoles llegó a la provincia de Guayana en el siglo XVII. A Nuestra Señora de las Nieves se le ofrece homenaje cada 5 de agosto.

Fantasma de la Enfermera del Paseo Orinoco: Se cuenta que en las noches de insomnio los huéspedes de la pensión Italia que se sientan en el balcón suelen ver paseando, a la 1:30 de la madrugada, a una enfermera que caminaba por el malecón despreocupada y sin prisa y cuando llegaba a la esquina que da frente al Hotel Caracas desaparecía en las sombras de los árboles. Un vecino del sector comentó el relato y agregó que, en efecto, esa enfermera todas las tardes al salir de su trabajo solía dar un paseo en ese sitio y un día fue sorprendida por un infarto lo que le causó la muerte.

Negra Posí, Personaje de antaño de San Félix: La Negra Posí era una lavandera que los habitantes de San Félix veían pasar cotidianamente de regreso de sus labores en el río. Llevaba la ropa con equilibrio sorprendente sobre su cabeza. Era alta, muy erguida, en la cabeza solía ponerse una tela enrollada en forma de círculo para sostener la ponchera llena de ropa. Desafiante en actitud y en costumbres era conocida en el pueblo ya que solía vestirse con camisa y pantalón en una época en que las mujeres no utilizaban esta prenda. En ocasiones usaba una bata de color claro y subía desde el río con el cuerpo mojado dejando traslucir sus delicadas e insinuantes formas. Además fumaba y esta actitud alarmaba a las amas de casa pues no era común ver a una mujer recostarse en una pared con un cigarro.

Negro Felipe Tela, leyenda: La historia del Negro Felipe Tela nos llega por una recopilación realizada por la Coordinación de Investigación del Ateneo Casa de la Cultura Héctor Guillermo Villalobos entre los vecinos fundadores de San Félix y sus barrios más antiguos como La Unidad y El Roble. De esta recopilación es producto la elaboración de un muñeco de trapo y tusa que representa al personaje. Por la calle Zoilo Vidal se veía pasar a un señor llamado el Negro Felipe Tela. Tan sólo nombrarlo era como una especie de conjuro para que todos los niños corrieran a esconderse en sus casas. Las madres aplacaban a los muchachos diciéndoles pórtate bien porque Felipe Tela te va a llevar. Este personaje era un vendedor de agua a domicilio. Se le recuerda siempre encorvado por el peso de las latas de agua, sostenidas en los extremos de un fuerte palo, el cual pasaba entre el cuello y la espalda.

Sopa de Piedras, relato: Se trata de una historia que de alguna manera demuestra la perseverancia y la capacidad que tiene las personas de resolver las dificultades. Con los pocos recursos que tengan para ello y sin decaer aunque al parecer no existan las condiciones adecuadas. piedra, se teje un relato sobre una mujer que tenía gozaba del aprecio de todas las personas del pueblo, cierto día le dijeron a esta mujer que irían a su casa a almorzar, entonces la mujer, que era muy pobre, estaba muy angustiada porque no tenía dinero, ni especias para preparar esa comida para los vecinos. Después de mucho pensar decide hacer una sopa, buscó una piedra, tomó un caldero, lo puso al fuego y dentro de éste metió la piedra. Un vecino que pasaba por allí y que estaba invitado a la comida, al ver eso le preguntó a la buena mujer ¡Mujer!, ¿qué es eso que tienes en el caldero?. La mujer apenada le contesta que está haciendo una sopa de piedras porque no tiene nada más que darle a sus invitados. El vecino se sorprende y le contesta ¿por qué no me dijiste?, yo en mi conuco tengo auyama. Y así se fue corriendo la voz, hasta que lograron reunir muchos ingredientes para la sopa. Finalmente, cuando se dieron cuenta todo estaba lleno de comida, frutas y viandas. Toda la comunidad participó e hicieron un gran banquete.

La Esquina Caliente: Cuando comenzó la consolidación de lo que hoy es el sector Unare II, lo que ahora se conoce como la esquina caliente fue el lugar donde se desarrollaba gran movimiento de personas y de algunos comercios, algunos de ellos aún se conservan. Originalmente, se hacía referencia a una esquina en particular, en la que se encontraba una lavandería, posteriormente el nombre hacía referencia a las cuatro esquinas del sector. Este lugar se reconoce como uno de los primeros sitios donde se construyeron casas. Su origen se remonta a los años 60 del siglo pasado. Alrededor de esta esquina se han levantado nuevos tipos y formas de comercio que van desde los establecidos hasta las personas que trabajan en la economía informal. La comunidad sigue utilizándola como punto de referencia y de encuentro de amigos y familiares. Se caracteriza por estar conformado por cuatro esquinas en la intersección de las avenidas 03 Norte-Sur y avenida 02 por donde transita la mayoría de los vehículos dedicados al transporte público. Lo que se conoce como avenida Norte- Sur tiene dos canales separados por una jardinería de alrededor de 3 metros de ancho. Más que una construcción específica, lo se conoce como esquina caliente hace referencia a una idea de espacio social que maneja y orienta a la comunidad. En torno a este lugar se tejen diversas historias que forman lo que es la memoria viva de Ciudad Guayana.

Duende de Palo Grande, leyenda: Dicen los vecinos de Palo Grande, que en las noches muchos vecinos se reunían a jugar dominó hasta altas horas de la oche. Una de esas noches una niña que era nieta de uno de los presentes, fue a la bodega a comprar y en eso visualizó a un hombre de avanzada edad con forma de león, de la estatura de un niño de 6 años aproximadamente y con un sombrero de cogollo. Son muchas las personas que dicen haberlo visto y por lo general sus apariciones van a acompañadas del aullar y el ladrido de los perros.

Cucho Pelón, leyenda: En uno de sus viajes la familia Zapata, residente en El Rosario, trajo a un hombre joven blanco, al que llamaban cucho pelón. Cuentan que éste era muy servicial, sabía oraciones y también, según dicen, tenía el poder de desaparecerse como lo demostró el día en que era perseguido por la policía, tras haber formado un escándalo en la gallera de la comunidad. Un día Cucho enfermó de neumonía y una señora de la comunidad lo asistió, le inyectó antibióticos y en un descuido, lo dejaron solo y se escapó a beber licor hasta la madrugada, esto hizo que se agravara y lo llevaran al hospital de San Félix donde murió. Cuentan que cuando encontraron el cadáver estaba con la boca abierta, y todos sus allegados decían que era porque había quedado con ganas de beber, por lo que el velorio duró tres días y tres noches, en ese transcurso de tiempo le dieron ron en la boca al cadáver de cucho pelón, mientras se avocaban al duelo. Recopilación de la coordinación de investigación de la Casa de la Cultura Hector Guillermo Villalobos, de Los Olivos.

Fuente: Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2006, Ministerio de la Cultura.

 

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